lunes, 29 de junio de 2009


Cada minuto que pasa es una nueva oportunidad que nos da la vida para mostrarnos, para abrirnos a ella y dejar florecer todo lo que hay en nuestro interior. Sacar aquello agobiante que nos hiere. ¿Para qué mantener dentro las cosas que nos hacen mal?
Esta bien descargarse y desahogarse, sacar todo y no guardarse nada. Cuando esto no sucede estamos en un verdadero problema.
Hay cosas que no valen la pena, no tienen una importancia y sin embargo enfatizamos más y más en ellas. Como si no pudiéramos vivir sin tales o cuales cosas... Me pregunto para que? ¿Qué sentido tiene lastimarse de esa forma? No solo nos hace mal, sino que no nos valoramos, no nos damos cuenta de lo mucho que vale nuestra persona y lo felices que podríamos ser con tan solo observar todo lo que nos rodea. Cosas simples... desde caminar descalzos en el pasto verde y húmedo, hasta el brillo que adquiere nuestro rostro contemplando la calida luz del sol... es tan simple... y paradójicamente se hace complicado. Porque siempre, vamos a querer aquello que no tenemos, que nos cuesta, lo más difícil de alcanzar, y eso, creo yo, no es malo. Las cosas fáciles son para personas que se quedan y se conforman con poco. Luchar por lo que queremos conseguir, ser decididos y firmes en nuestras metas y objetivos harán crecer nuestra persona... aunque en algunos casos, hay que saber reconocer cuando se pierde, cuando ya hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance y no se logro.
Da miedo transitar este camino tan corto, que nos conduce a otro desconocido, pero al mismo tiempo tan cercano. Por eso no nos detengamos, sigamos siempre batiéndonos con nosotros mismos, con nuestros días buenos y malos, con nuestros cambios de humor constante, aprendiendo de los errores, y mejorando. Queriéndonos, sino lo hacemos nosotros, quien lo va a hacer? No dejar de reír, de disfrutar, de crear, de imaginar, pero sobre todo de soñar, dicen que soñar no cuesta nada... Luchen por sus sueños. Si tan solo pudiera cumplir alguno de ellos, me podría sentir plena y satisfecha, mi paso por este mundo tuvo un sentido. Yo me encargue de dárselo.

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